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- Whisky con agua de coco. Y no, no es broma.


Hay una frontera tácita en el mundo del whisky que dice más o menos así: con soda, vale; con cola, aceptable; con zumo de fruta tropical, te estás buscando problemas. Pero las fronteras tácitas suelen ser eso –tácitas, no razonadas– y cuando alguien se atreve a cruzarlas, a veces descubre que lo que había al otro lado era mejor de lo esperado.
La realidad es que la mayoría de los blends no están diseñados para este tipo de mezcla. Tienen demasiada turba, demasiada barrica o demasiadas aristas como para convivir con ingredientes que piden suavidad. Para que un whisky funcione con agua de coco o con zumo de manzana necesitas algo muy concreto: un perfil limpio, sin notas que compitan, con la suficiente personalidad para no desaparecer pero sin la intensidad que convierte la mezcla en un accidente.
Black & White lleva 140 años haciendo exactamente eso. Su blend —más de 35 whiskies de malta y grano combinados para lograr equilibrio por encima de todo— fue pensado desde el origen para resultar amable en cualquier contexto. Que en 2024 ganase el Doble Oro en el San Francisco World Spirits Competition en una cata a ciegas no es casualidad: es lo que pasa cuando un whisky no necesita imponerse para convencer.
Esa suavidad es precisamente lo que abre la puerta a mezclas que con otro whisky no funcionarían. Aquí van dos.


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