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Adrià Marqués, el ilustrador barcelonés que ha creado la nueva botella del cine español
Don Julio 1942 ya tiene su vestido de película con una edición especial para los Premios Goya 2026

En casa de Adrià Marqués hay cuadros de Ceesepe colgados en las paredes. Obra original. También máscaras, alebrijes y el recuerdo de una maleta extra que tuvo que facturar a la vuelta de Oaxaca solo para traerse objetos que decorasen su casa. "Me chifla la imaginería mexicana", confiesa.
Conocido como El Marqués (@el_marques_illustration), Adrià creció rodeado de los cómics underground que su madre escondía por su contenido escabroso. De aquella exposición temprana a Crumb, Corto Maltés y la estética contracultural de los setenta nació una fascinación que hoy se traduce en su estilo inconfundible como ilustrador: tintas limitadas, cartelería vintage y esa capacidad de sintetizar una imagen hasta convertirla en arquetipo.
Con este lenguaje ha seducido a marcas e instituciones como Penguin Random House, Filmin y la Generalitat. Ahora, con motivo de los Premios Goya, ha diseñado una edición especial de la botella de Don Julio 1942, que combina referencias al cine con la esencia de México y Barcelona. "El resultado es muy chulo", celebra.
"Mi madre escondía su colección de cómics porque eran bastante heavies: sexo, drogas, locura... Pero la casa no era tan grande: siempre los encontraba"

Pregunta. De vocalista de una banda de punk rock a ilustrador reconocido internacionalmente: ¿qué conservas de aquella energía del escenario en tu trabajo actual?
Respuesta. Estuve 9 años como cantante de una banda. Supongo que conservo la frescura y la inmediatez.
P. Has mencionado que tu madre tuvo una relación con Ceesepe, pintor de la Movida, y que creciste rodeado de sus cómics y originales. ¿Cómo influyó esa exposición temprana al underground español en tu visión artística?
R. Sí, estuvieron saliendo cuando eran muy jóvenes. Ceesepe aún vivía en Barcelona. Gracias a él mi madre también conoció a su mejor amigo de entonces, Alberto García-Alix, y a Ouka Leele, que luego la fotografió para su primera exposición, Peluquería. Luego cortaron, ellos se fueron a Madrid y lo petaron.
P. ¿Cómo te influyó a ti ese caldo de cultivo artístico? ¿Crees que te marcó de alguna manera?
R. Sí, por supuesto. En casa siempre hubo muchos cuadros de Ceesepe, obra original que ahora tengo yo aquí colgada [señala las paredes a su espalda]. Además, mi madre coleccionaba cómics, era muy fan: tenía toda la obra de Corto Maltés, de Robert Crumb, toda esa escena del underground de los setenta. Una colección enorme. Algunos los escondía para que yo no los pillase, porque eran bastante heavies: sexo, drogas, locura. Pero la casa no era tan grande, así que siempre los encontraba.
P. Un profesor de Bellas Artes llegó a decirte que tu estilo figurativo "no estaba de moda".
R. Estudié aquí en Barcelona, y cada escuela tiene su corriente estética y conceptual. En la mía, a la mayoría de profesores les gustaba mucho el arte posmoderno, abstracto... Llegaron a decirme que el dibujo era una forma de expresión que había muerto. Lo que les gustaba era la performance, el videoarte, las instalaciones. A los que hacíamos algo figurativo nos machacaban.
P. De niño... ¿qué querías ser de mayor?
R. Siempre dibujé, no había plan B. Desde pequeño decía que quería ser dibujante de cómics, y mis padres me apoyaron mucho. Empecé haciendo viñetas para revistas, pero me di cuenta de que era un currazo muy mal pagado. Ya estaba con el grupo de punk y vi que cobraba más por hacer un solo póster, así que tiré por ahí. Además, no me gustaba hacer guiones; lo mío era –y es– la ilustración.
"Mi estilo viene de la publicidad de los 50, la cartelería de los 70, el Art Nouveau de la Belle Époque francesa... Un mix desde la publicidad hasta el arte underground"

P. ¿Te atreverías a describir tu estilo?
R. Esto siempre es complicado. Yo crecí haciendo mucha serigrafía, así que me acostumbré a trabajar con un número limitado de tintas. Me gusta mucho la yuxtaposición cuando se pisan, los fallos de registro. Siempre he ido pillando cosas que me gustan y haciendo mi propio potaje: la publicidad de los años 50, la cartelería de los 70, el Art Nouveau de la Belle Époque francesa... Un mix desde la publicidad hasta el arte underground.
P. Has descrito tu estilo como imágenes sintéticas pero efectistas. ¿Qué significa esto para ti?
R. Te obliga a sintetizar mucho la imagen, casi hasta llegar a la abstracción, pero funciona. El cerebro ve una mancha de color y dice: un clavel. Puedes definir la figura con muy poco. Y eso me parece importante: crear imágenes arquetípicas que tanto tú como yo podemos entender, igual que una persona mayor o un niño.
P. Dices que tu mayor motivación es "el miedo a volver a trabajar de camarero en Barcelona en verano". ¿Cuál fue el momento exacto en que supiste que podías vivir de la ilustración?
R. Desde que acabé de estudiar hasta que me gané la vida como ilustrador pasaron unos dos años en los que hice de todo: camarero, socorrista en piscinas... Luego trabajé en una escuela de diseño, en las oficinas, controlando las prácticas de los alumnos. Eso me permitió ahorrar lo suficiente como para estar un año sin trabajar. Me dije: tengo un año para ser ilustrador. Me inventé mil triquiñuelas para sobrevivir. Por ejemplo, me creé un fondo de ilustraciones que podía vender en tiendas. Solo con eso ya me pagaba los gastos e iba subsistiendo. Y al final empezaron a salirme trabajos más serios para marcas. Me dije, ¡ya no hace falta que vuelva a ser socorrista este verano!
“En mi diseño de la botella de Don Julio 1942 quise potenciar tanto la imaginería mexicana (que me encanta) que me pasé, y luego he tenido que equilibrarlo con la temática del cine y Barcelona. Ha quedado muy chulo”

P. ¿Existen las musas?
R. No. Existen el estrés y el trabajo. Esas son las musas reales. Si eres currante, la inspiración te pilla trabajando, como decía Picasso.
P. ¿Sigue siendo tu cartel del jazz de La Pedrera el que más orgulloso te hace sentir?
R. No. Ese fue de los primeros que me gustaron mucho, pero mi favorito hoy es el de Vermut: una chica vestida con un mono rojo, de diablita. En realidad, era un boceto que me rechazó una marca de vermut italiana muy conocida porque les parecía demasiado sensual. Me lo quedé y lo vendí por mi cuenta. Es mi top ventas de pósters, aún sigo cobrando mucho por él.
P. Has trabajado con muchas marcas. ¿Qué es lo que te hace aceptar este tipo de proyectos?
R. Sobre todo que la marca tenga una imaginería y un estilo que casen conmigo, que yo pueda encajar. No me veo haciendo publicidad de pañales, por ejemplo.
P. En el caso de Don Julio, que ha trabajado con gente como Peggy Gou o Willy Chavarria, ¿cómo abordaste el reto de rediseñar la botella de su tequila 1942?
R. Tenía que reflejar algo relacionado con el cine, que es un tema muy amplio. Lo interesante es que había otros factores: no solo cámaras y claquetas, sino que se hacía en Barcelona y además es una marca mexicana. A mí me chifla la imaginería mexicana. Estuve en México hace un par de años, quería ir a Oaxaca porque me fascina el arte popular de allí: las máscaras, los bordados, los alebrijes... Me llevé una maleta extra solo para traerme material para decorar la casa. Que el proyecto tuviera ese componente mexicano también lo hacía muy interesante.
P. La botella de Don Julio 1942 es famosa por su forma inspirada en la hoja del agave azul. ¿Cómo es un lienzo como este?
R. Ilustrar volúmenes siempre es complicado. No disponía del plano de la botella desplegado, solo tenía la representación de la visión frontal y los lados, por lo que he tenido que improvisar bastante. Ha sido todo un reto. Por otro lado, la botella es muy estilizada y bonita. Además, el fondo metalizado hace que los colores resalten más.
P. ¿Cómo es el diseño que has creado? ¿Cómo lo describirías?
R. El diseño tuvo varios cambios. Al principio quise potenciar la imaginería mexicana, me animé mucho con eso. Pero me dijeron que preferían destacar el elemento de los premios Goya, el cine. Me tocó rebajar la mexicanidad. Aun así, ha quedado un resultado chulo.
“¿La IA? Yo pensaba que en el futuro los robots nos harían la colada y la declaración de la renta, no filtros de Studio Ghibli. Menuda estupidez”

P. No es tu primera inmersión en el universo del cine, ya que ilustrarte el libro Hasta siempre Mister Berlanga. ¿Qué conexión sientes con el cine español?
R. Berlanga me fascina, me parece un genio divertidísimo. En pleno franquismo, poder hacer ese tipo de películas con humor y encima saltarse la censura me parece un logro increíble. Cuando me encargaron el libro me puse contentísimo. Era para Penguin Random House, la comunicación con el autor fue muy buena, me dio mucha libertad... Además, lo hicimos con dos tintas, así que yo como pez en el agua.
P. ¿Has visto alguna de las películas de los Goya de este año?
R. Tengo muchas ganas de ver Romería y Flores para Antonio. De la edición del año pasado me gustó mucho La Estrella Azul, sobre la vida del rockero Mauricio Aznar. Además aparecen algunos conocidos en ella.
P. ¿Cómo es tu batalla con la IA? ¿Crees que va a matar la creación artística?
R. Es algo que está aquí para quedarse, luchar contra ello me parece absurdo. Pero debería regularse. Lo que no puede ser es que se alimente la IA con obra de artistas incluso vivos y no se defienda eso. ¿Cómo puede existir el copyright pero luego alimentar la IA con obra protegida? No tiene ningún sentido. Es importante que se legisle desde la Unión Europea o desde donde sea, pero que se protejan los derechos de los creadores. Me pareció una locura cuando hicieron aquel filtro de Studio Ghibli. Vergonzoso. El pobre Miyazaki, con ochenta y tantos años, lleva toda la vida trabajando en esa obra, en ese estilo, y de pronto viene una IA y convierte la foto de tus hijos en eso. Un absurdo. Yo pensaba que en el futuro los robots iban a hacernos la colada y la declaración de la renta, no filtros de Studio Ghibli. Menuda estupidez.
P. Si pudieras robar una obra de arte de un museo, ¿cuál sería?
R. Acabo de enterarme de que han cedido al Reina Sofía todo el archivo de Manolo Prieto, uno de mis ilustradores favoritos. Me llevaría un original suyo [risas].
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