En las tierras altas de Jalisco, en pleno corazón de México, Julio González soñaba con crear su propio tequila, uno diferente a todos los demás y de la más alta calidad.
Para lograrlo unió sus dos pasiones: el trabajo artesanal y la devoción por su tierra de origen, en la que crece el mejor agave del planeta: el Weber azul, que tarda entre 6 y 10 años en completar su cosecha.
Tras la recolección de este ingrediente excepcional, Don Julio seleccionaba minuciosamente cada pieza, haciendo que sólo las porciones más jugosas se troceasen y cocinasen en hornos de barro durante tres días.
A continuación, daba paso a los artesanos gimadores, expertos en cortar uniformemente las pencas del agave para aumentar la calidad del jugo.
En 1942 nació este néctar, que en 1987 pasó a llevar el nombre de su creador, con el que comparte un indiscutible carácter.
Añejado en barricas de roble blanco, el Tequila Don Julio es hoy mundialmente reconocido por su sabor excepcional y su calidad incomparable.