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Entrevista Oski

Oski García: "Hacerte viral diciendo que Bad Bunny es una mierda es fácil. Lo difícil es que la gente empatice contigo"

Con 25 años y casi 90.000 seguidores en Instagram, este asturiano ha convertido el buen oído musical en oficio. Hoy destaca como periodista, DJ y maestro de ceremonias del ciclo Johnnie Music

Entrevista Oski

Once de la mañana. Oski García recorre una calle de Madrid con el móvil en la mano a modo de palo selfie. Su imagen oscila entre zancadas. "Hola tío", dice mientras se intuye su peinado –una gloriosa escultura abstracta– y la sudadera Morrison blanca. "El autobús se ha parado y he tardado más de la cuenta, pero voy de camino", añade disculpándose. A continuación se sube a un ascensor y la pantalla se pone en negro. Aparece unos minutos después con un fondo radicalmente distinto: un mural tachonado de colores a modo de pared de escalada psicodélica.

"Empieza cuando quieras", dice.

Oski es melómano. Agradable. De energía contagiosa. Afincado en Madrid desde hace años, acaba de tener un papel protagonista en Johnnie Music, el ciclo de conciertos íntimos con el que Johnnie Walker reivindica las salas de música en directo. En definitiva, un espíritu Walker: pocas personas defienden la música emergente con tanta convicción y tan poca estridencia. ¿Su metodología? Un instinto más ligado a su infancia bien escuchada que a cualquier lógica del algoritmo.

Hablamos con él.

“En vez de dibujos animados, mi padre nos ponía vinilos en el tocadiscos y jugábamos a adivinar las canciones” 

Entrevista Oski - image 1

P. ¿Qué canción describe tu estado de ánimo actual? 
R. Cualquier tema de Noah Kahan: folk bastante tranqui... es lo que llevo escuchando estos últimos días. Te diría concretamente “Northern Attitude”, que es increíble y un poco triste. No es que yo esté triste, pero esta canción me acompaña bastante ahora.

P. Cuando eras niño, ¿qué querías ser de mayor? 
R. De muy pequeño quería ser comentarista deportivo, narrar los partidos del Atlético de Madrid y cantar los goles de Fernando Torres como Manolo Lama. Luego eso se fue diluyendo y quise ser actor. Pero entonces conseguí mi primer papel y me di cuenta de que era una locura de trabajo. Se me pasó rápido. Empecé periodismo y acabé queriendo ser comentarista de canciones.

P. ¿Cuándo contrajiste el virus de la música? 
R. Desde muy pequeño, creo que en cuanto supe hablar, porque mi padre siempre nos ponía música en el coche y en casa teníamos esa cultura increíble de escuchar discos. En vez de dibujos animados, él nos ponía vinilos en el tocadiscos y jugábamos a adivinar las canciones. Aun así, creo que mi amor real por la música llegó en un concierto de Iván Ferreiro. Me encantaban Los Piratas y fuimos a verle a Santander. Me flipó tanto que la semana siguiente fuimos también al de Madrid: le saludamos, estuvimos hablando con él y fue un choque de realidades: “Las personas que cantan las canciones son también seres humanos”, pensé.

P. ¿Y nunca has tenido ganas de ponerte de ese otro lado? 
R. Es curioso porque nunca se me ha ocurrido ser cantante. Siempre he idolatrado a los cantantes, pero nunca me he visto en ese papel. De pequeño fui a clases de piano y en la pandemia me compré una guitarra. Sé lo básico, a lo mejor podría componer, pero nunca he dicho: voy a sacar un tema. No lo reniego, igual un día me levanto inspirado y lo hago. Pero siempre he visto que la música era preciosa desde detrás. Y también creo que esa exposición masiva de vulnerabilidad, el mostrar tus sentimientos en público, no me acababa de convencer.

P. ¿Tendrías pudor? 
R. Un poco, sí. Siempre he sido muy tímido a la hora de mostrar cómo me siento. En todos los demás aspectos soy una persona cero tímida, pero contar mis sentimientos no me acaba de convencer. Y si eres artista, en algún momento tienes que abrir ese cajón y mostrarle a la gente quién eres.

P. ¿Qué artistas os ponía tu padre en el tocadiscos? 
R. [Risas] ¡La turra que me dio con los Strokes y Oasis de pequeño no la voy a olvidar nunca!

P. ¡Tenía buen gusto! 
R. Sí, totalmente. También me ponía Cronolánea de Lori Meyers, mucho Antonio Vega... Y luego bandas sonoras y cosas con las que yo no conectaba tanto, pero lo agradecía. Fue una infancia muy variada musicalmente. Incluso tengo que confesar que en una época me gustaba Paulina Rubio. Un placer culpable que compartía con mis tías. Eso sí, con 12 años. Ahora ya no [risas].

P. A los 16 ya trabajabas en festivales. 
R. Fue casualidad. Los estudios y yo éramos un matrimonio malavenido: me gusta aprender, pero memorizar libros de 50 páginas no es lo mío. Un verano mis padres me dijeron que tenía que ponerme a trabajar y conseguí un puesto de hospitality en el Tomavistas, literalmente repartiendo cervezas de un cajón. Con 16 años era carne de vacile: los artistas me la liaban constantemente. Uno me entretuvo con una excusa para que sus colegas me vaciaran el almacén. ¡No lo olvidaré en la vida!

“Me llamó un señor al teléfono y yo pensé que era la Cruz Roja. Le solté un: '¿qué quieres, tronco?' y resultó ser Adriano Moreno, de Los 40” 

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P. Cofundaste Culture durante la carrera. Has dicho que fue "la clave de donde estoy ahora". ¿Por qué? 
R. Sí. Un día, con mi compañera María –a la que le encantaba la música– decidimos crear un blog digital abierto a todo el mundo: sin castings, sin pruebas, cualquiera podía escribir. El primer mes tuvimos 100.000 visitas. Además, hice una campaña sencilla hablando con todos los grupos de la carrera y pidiendo que subieran un post el mismo día, y por alguna razón lo hicieron. ¿El resultado? En dos días la revista estaba por todo Instagram. Entonces me di cuenta de que el futuro estaba en las redes y que con una semana de trabajo había conseguido más exposición de la que podía lograr haciendo prácticas. Fue ahí cuando decidí que, en vez de hacerlo a través de una revista, quería hacerlo con mi nombre.

P. ¿Cómo fue tu llegada a Los 40? 
R. Bastante graciosa. Un viernes por la mañana me llamó un señor al teléfono y yo pensé que era la Cruz Roja, que me llamaban todos los días. Le solté un: "¿qué quieres, tronco?" y resultó ser Adriano Moreno, de Los 40, interesado en mi perfil. Me disculpé como pude y al día siguiente empecé a trabajar con ellos. Estuve un año, pero lo dejé porque ellos querían con un perfil super pop y super mainstream, que no era el mío, y no llegamos a un acuerdo. Hace un año me ofrecieron volver con un enfoque completamente distinto: estrategia digital, rock, indie. Dije: esta es la mía. Y estoy muy contento.

P. ¿Recuerdas cuál fue el primer vídeo que subiste a Instagram? 
R. Perfectamente. Fue un unboxing de un vinilo de Guitarricadelafuente. Me había encontrado a Álvaro en el Festival de Cine de Málaga, ya por aquel entonces le admiraba un montón, y me cayó genial. Me dijo que me enviaba el disco, y al recibirlo hice el unboxing y el vídeo se hizo bastante viral. Ahí me di cuenta de que el tema de los vinilos funcionaba.

P. ¿Qué sientes al comparar ese primer vídeo con lo que haces ahora? 
R. Ese primer video nació con una inocencia muy bonita, sin ninguna pretensión y sin esperar que me viera nadie. Ahora es cierto que hay más presión, ese pensamiento constante de querer estar a la altura. Pero cuando miro atrás y me veo en los vídeos de entonces y en los de ahora, me doy cuenta de que no han cambiado tanto. Creo que me he mantenido fiel a ese concepto de crear algo genuino y natural. Y eso me hace sentir bastante orgulloso.

P. ¿Cómo es tu relación con las métricas? 
R. Bastante mala, la verdad. No soy obsesivo con los números, no sé exactamente cuántos seguidores tengo ni cuántas visitas tuvo mi último vídeo. Pero en este mundo es imposible desconectarse del todo. Lo más frustrante es cuando un vídeo que a mí me encanta no va bien y de repente pierde todo su valor para mí. O cuando una marca me llama diciendo que adora mi contenido y lo primero que me pide son las métricas. ¿No era que te apasionaba mi contenido? Al final es verdad que tiene que haber alguna forma de medir las cosas, lo entiendo, pero es un coñazo histórico. Además, mucha gente hace trampas... 

P. ¿Cuántas canciones escuchas a la semana para mantener tu ritmo de recomendaciones? 
R. Un montón. Todos los viernes escucho las 50 novedades que salen, sin falta. Y luego cada día me escucho un disco entero. Haz el cálculo. Son un huevo, la verdad.

P. ¿Y cuántas de esas te hacen pensar: “Esto lo va a petar”? 
R. Hay una calidad terrorífica ahí fuera, con chavales haciendo cosas preciosas. La tecnología lo ha democratizado todo mucho: si no sabes tocar la batería, una IA te la genera perfectamente. Ahora es más fácil sonar bien, y con tantas referencias tampoco es tan sencillo hacer una canción mala. Lo complicado es construir una banda con estilo propio, con estética, con concepto. Algo como lo que ha hecho Ultraligera: en un sector del pop rock han reinventado en España un rock más auténtico que no había. Veníamos del indie, todo más suave, y de repente ellos han hecho algo mainstream pero con una identidad brutal. Eso es lo jodidamente difícil.

“Para mí Johnnie Walker es el ejemplo a seguir. Cuando ellos apoyan a un artista de 2.000 oyentes mensuales, las marcas más pequeñas se preguntan si ellas también pueden hacer lo mismo” 

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P. ¿Cuál ha sido tu momento Keep Walking? 
R. Recuerdo el impacto que me generó la primera vez que una marca quiso colaborar conmigo. Y cuando Johnnie Walker me contactó me hizo muchísima ilusión. Que una multinacional tan grande te apoye te hace sentir que esto va por buen camino, y te entregas a fondo. Eso fue para mí un gran impulso para seguir caminando.

P. ¿Crees que las grandes marcas como Johnnie Walker tienen responsabilidad en apoyar sectores como la música? 
R. Para mí Johnnie Walker es el ejemplo a seguir. Pudiendo hacer algo fácil, apuestan por impactar en la cultura musical de verdad. Creo que todas las marcas influyentes deberían apoyar las escenas musicales, pero sobre todo dar ejemplo cuando eres muy potente. Si Johnnie Walker apoya a un artista de 2.000 oyentes mensuales, las marcas más pequeñas se preguntan si ellas también pueden hacer lo mismo. Desde que me contactaron he flipado con sus valores: da igual que el artista no sea súper conocido, le apoyan igual.

P. ¿A qué banda o artista le han cambiado la trayectoria? 
R. Por ejemplo a Siloé es el mejor ejemplo: cuando empezaron con Johnnie Walker no eran conocidos, y ahora son una de las bandas con mayor crecimiento de los últimos cinco años.

P. Háblanos de Johnnie Music, el ciclo en el que has sido recientemente maestro de ceremonias en el Café Comercial. 
R. Era uno de mis sueños: tener mi propio ciclo de conciertos, íntimo, inclusivo, en el que todo el mundo tenga buena visibilidad y disfrute de verdad. Solo hemos hecho dos fechas, pero ha sido fascinante. Que Johnnie Walker apoye a un chaval como yo que quiere hacer un concierto de 60 personas me parece muy valioso y te da fe en la cultura. Muchas veces nos olvidamos del público: subimos las entradas, metemos a cuanta más gente mejor. Pensar en los espectadores y ofrecer algo diferente e íntimo es imprescindible, y aquí lo han entendido.

P. ¿Qué relación tienes con Pavlenha y con Javypablo, las dos bandas que has elegido para este ciclo? 
R. Con Pavlenha congeniamos desde el primer minuto. Compartimos los mismos valores y nos hicimos amigos al instante. Con Javypablo fue parecido: el primer día que los conocí me invitaron a su casa, comimos juntos y me estuvieron contando todo su recorrido y lo complicado que había sido. Lo importante es que me crucé con ellos cuando yo no era nadie relevante en la música, y aun así me trataron como una persona de confianza sin esperar nada a cambio. Ahora que tengo la oportunidad de hacer algo que les trascienda, sigo apoyándoles. Y no solo por amistad: Javypablo tiene una visión artística muy potente y Pavlenha una sensibilidad para el directo increíble. Eran el ejemplo perfecto para lo que quería hacer.

P. Hacerse un nombre en las redes creando controversia es fácil. Lo tuyo, reunir a 90.000 seguidores fieles desde la recomendación honesta, eso sí que es difícil. 
R. Es mucho más fácil hacerte viral diciendo que Bad Bunny es una mierda o contando salseo. Lo negativo engancha rápido. Lo complicado es hacer vídeos de cosas que te gustan de verdad y conseguir que la gente empatice contigo. Hacer recomendaciones genuinas y que la gente te siga es algo muy valioso y muy difícil. Y luego hay otra cosa: ayer hice un vídeo de Depeche Mode y hay gente de mi edad que no sabe quiénes son.

P. ¿Es también un poco tu misión enseñar canciones buenas a tu generación igual que tu padre hacía contigo de pequeño? 
R. Literal.

“Me encantaría haber vivido en la época grunge de los 90 o en Nueva Orleans en los 60, descubriendo música en garitos clandestinos”

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P. ¿Cuál es el álbum que más veces has escuchado en tu vida? 
R. The Masterplan de Oasis, sin duda. El año pasado, antes del concierto, me lo escuchaba todos los días. Acabé un poco saturado, la verdad. Y de pequeño, con 16 o 17 años, Nevermind de Nirvana, a saco.

P. ¿Cómo le explicarías a la IA lo que siente un melómano? 
R. Es un poco como el amor a tu familia. Quieres a tu hermana porque es tu hermana, sin saber muy bien por qué. Aunque discutas, pase lo que pase, la quieres. Con la música es igual: no sé muy bien por qué me gusta, qué me hace escuchar vinilos o descubrir canciones. Pero me sienta bien. A la IA le diría que es algo puro. Que me mola y ya está.

P. ¿Cuál es la voz que más te conmueve? 
R. La voz de David Bowie me parece preciosa. Y la de Janis Joplin: la escuchas y hay una potencia ahí bastante loca. Esas dos.

P. ¿Cuál ha sido para ti la mejor época musical de la historia? 
R. Me encantaría haber vivido el grunge de los 90. Del 90 al 95 hubo una eclosión artística muy loca: todo el grunge de Seattle, el britpop de UK, Depeche Mode con su síntesis electrónica... Por gustos me quedo con esa época. Aunque también me hubiera flipado estar en Nueva Orleans en los 60, descubriendo en garitos clandestinos la música que había ahí. Eso también tuvo que ser algo especial.

P. ¿Qué le ha dado Spotify al sector y qué le ha quitado? 
R. Lo que le ha quitado es la noción de valor. Por muy pocos euros al mes tienes acceso a todo, y eso hace que gastarte 30 euros en un vinilo pierda un poco el sentido para mucha gente. Cuando la música es prácticamente gratis, algo se rompe. Pero la parte buena es enorme: ha democratizado el descubrimiento. Si me gusta una banda, en cuatro clics me aparecen cuatro artistas nuevos que suenan parecido. Los curadores de Spotify me parecen increíbles.

P. ¿No crees que también ha impactado en que la gente vaya a más festivales y conciertos? 
R. Sí, totalmente. Ahora te deja ganas de vivir la experiencia en directo. Antes solo ibas a un concierto si conocías bien a la banda. Ahora en una tarde te puedes aprender cinco canciones de un grupo que acabas de descubrir y apuntarte al concierto al día siguiente. Te la puedes jugar más.

P. Muchas salas pequeñas están cerrando. ¿Qué va a perder el sector? 
R. Las salas pequeñas son imprescindibles para mantener una escena, porque todo viene de abajo. Para que haya un macrofestival tiene que haber una sala pequeña que apoye a los artistas emergentes. Los festivales tienen la ventaja de que ves a veinte bandas en un día, eso es difícil de igualar. Pero si no apoyamos las salas, en dos años esas pequeñas bandas tienen que abandonar sus proyectos. Los Viva Suecia de mañana necesitan un sitio donde tocar hoy. Y no cuesta tanto: ir a la Sala Sol un viernes por 15 euros es lo mismo que tomarte tres cervezas en una terraza. Se puede seguir apoyando la escena de forma genuina, solo hay que querer hacerlo.

“Si no apoyamos las salas pequeñas, en dos años muchas bandas tendrán que abandonar sus proyectos. Los Viva Suecia de mañana necesitan un sitio donde tocar hoy”

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P. ¿Cuántas veces has recomendado a un artista emergente y luego lo ha petado? 
R. Más veces de las que esperaba [risas]. El otro día estuve con los chicos de Ultraligera y les recordé que hace tres o cuatro años subí un vídeo diciendo que había que echarles un ojo porque lo iban a reventar. Y lo han reventado. También creo que fui el primero en hacer un vídeo de Alcalá Norte, y algo parecido pasó con Sanguijuelas del Guadiana. Y luego hay chavales como Hey Kid, Inazio o Besmaya, a los que fui a ver en salas de cuarenta personas hace cinco años y ahora están llenando La Riviera. Creo que sí que tengo bastante buen ojo [risas].

P. ¿Cómo definirías el éxito en la música hoy en día? 
R. Para mí el éxito es poder vivir de la música tranquilamente. No hace falta una gira de 150 fechas ni llenar el Metropolitano. Si eres capaz de mantener un proyecto solvente durante muchos años, con fans que te apoyen y llenando salas de 300 personas por toda España, eso es un éxito increíble. Y luego está lo que han hecho Lori Meyers o Love of Lesbian, aguantando cualquier ola de tendencias y siguiendo ahí. Es lo que más admiro.

P. Háblanos de tu faceta como DJ. 
R. Me lo paso genial y lo estoy aprovechando un montón: el año pasado tuve unos 15 festivales y este año otros tantos. Todo nació en una noche temática de los años 80 que organizamos mi padre y yo en mi pueblo, Colombres, en Asturias, una noche previa a las fiestas en la que no había nada. El primer año no funcionó mucho, el segundo regular, pero llevamos ya 10 años haciéndolo y se peta. El pueblo tiene 500 personas y cuando pinchamos con un ordenador y altavoces mal puestos vienen 1.000 o 2.000. Ahí me di cuenta de que hay gente que quiere escuchar canciones que no suenan todos los días en las discotecas. Intento poner música de todas las generaciones que sea divertida, y está funcionando muy bien.

P. ¿Quién firmaría musicalmente tu biografía?  
R. Probablemente Iván Ferreiro.

P. Si pudieras programar un festival con cinco artistas, vivos o muertos, ¿cuál sería el cartel? 
R. La cabeza de cartel, Nirvana, sin duda. Luego Oasis, Lil Peep, que fue alguien bastante singular, entre el alternativo y el emo y, a nivel nacional, Inazio y Ultraligera.

P. ¿Siguen siendo los bares para ti ese lugar donde escapar de la virtualidad y estar con tu gente? 
R. Totalmente. Como buen español que soy, creo que el bar de barrio es de lo más importante y hay que preservarlo. Yo soy de Chamberí y estoy viendo cómo las franquicias están arrasando con los locales de toda la vida. Ir a Casa Paco los domingos es importante. Esos bares donde no hay televisión ni wifi, donde te tomas una caña y hablas con tus amigos sin mirar el móvil, son imprescindibles. Siempre han sido el punto de encuentro en España y hay que mantenerlos como sea.

P. ¿Nos dirías cinco bares o salas de música que para ti son siempre un éxito seguro? 
R. La Sala Sol, la Sala Clamores, Café Comercial, la Wurly [Wurlitzer] –que lleva toda la vida apoyando a la gente–, Casa Mundi, que es una taberna de toda la vida, y el Bar Trafalgar, que es más moderno pero al que estoy yendo mucho últimamente.

P. Son las dos de la madrugada, estás en un bar con buena luz y una buena barra. ¿Qué canción suena, qué bebes y con quién brindas? 
R. Si me ponen cualquier canción de Parcels, me vuelvo loco. Un Johnnie Sour, que es mi cóctel favorito. Y si la compañía puede ser Leiva, ¡pues ya es increíble!

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