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Javypablo: los hermanos que cambiaron el básket por los escenarios
Los hijos de Javier Imbroda, leyenda del baloncesto español, dejaron las canchas y hoy llenan salas con su música. Charlamos con ellos en Johnnie Music, el ciclo de conciertos íntimos de Johnnie Walker en el Café Comercial.

Pablo Imbroda habla de su padre sin nombrarlo. Lo hace a través de una filosofía de vida que se filtra en cada frase, en cada canción. Javypablo, el dúo que forma con su hermano Javi desde 2018, nació con ese ADN amoroso y ganador, pero el deporte de élite les fue desencantando y la música, que siempre había estado ahí, acabó tomando el relevo.
De aquellos primeros bolos en chiringuitos de Málaga a llenar salas por toda España han pasado ocho años, tres discos y una pérdida que lo cambió todo: en abril de 2022 falleció su padre. El último álbum del dúo, Para que te quieras quedar (2025), no lo nombra en ninguna canción, pero está en todas.
Hablamos con Pablo justo antes de su actuación en Johnnie Music, el ciclo de conciertos íntimos que Johnnie Walker celebra en el Café Comercial: un formato que apuesta por la música en directo y la conexión cercana con el espectador.
"La música siempre ha estado en nuestra vida, pero nunca nos planteamos tomarla como carrera profesional. No teníamos ningún referente familiar. Entonces empezamos a componer y fuimos viéndole un color del que no éramos conscientes."

P. En vuestra infancia, ¿qué soñabais con ser de mayores?
R. Jugadores de baloncesto.
P. ¿Cuándo entendísteis que la cancha no era vuestro sitio?
R. Según crecíamos y competíamos a cierto nivel, empezamos a desencantarnos. El deporte de élite es un mundo complicado. La categoría en la que jugábamos exigía mucho sacrificio y no daba apenas para vivir. Poco a poco nos fuimos alejando y hoy amamos el deporte desde otro lado.
P. ¿Cómo y cuándo contrajisteis el virus de la música?
R. La música siempre ha estado en nuestra vida. Aparecía en las sobremesas, en el salón, cuando sacábamos la guitarra o cantábamos karaoke... Siempre la compartíamos con amigos, con primos, con nuestros padres. Lo que nunca nos planteamos fue tomarlo como una carrera profesional. En nuestra familia no teníamos ningún referente. Pero entonces empezamos a componer y fuimos viéndole un color del que no éramos conscientes...
P. ¿Quién empezó a componer de vosotros dos?
R. Empecé yo. Recuerdo ponerme con amigos a escribir canciones medio en broma. Pero luego me enamoré, me fueron pasando cosas y el asunto se puso más serio [risas]. Entonces bebía mucho de cantautores como El Kanka, Mr. Quilombo, Rozalén, El Niño de la Hipoteca... Se lo iba enseñando a mi hermano y él fue metiéndose poco a poco: añadiendo instrumentos, segundas voces, hasta que él también arrancó a componer por su cuenta. Fue un proceso muy natural...
P. ...en el que de repente acabáis formando una banda los dos.
R. Exacto. Yo le enseñaba las canciones, a él le iban gustando, empezó a cantarlas conmigo y así arrancó la cosa. Subimos una canción a Spotify, Desperté, casi por presión de amigos y familia, que nos decían que estaba chulo, que lo sacáramos... Y tuvo mucho más tirón del que esperábamos: entró en alguna lista y nos llamaron para dar conciertos. No teníamos ni repertorio, así que nos aprendimos unas cuantas versiones y estuvimos un año girando por chiringuitos.
"Hubo dos puntos de inflexión en nuestra carrera: Frío, que llegó al millón de reproducciones, y luego el COVID, cuando Paraíso se viralizó a lo bestia. Ahí sentimos que el proyecto despegaba."

P. ¿Qué pasó la primera vez que subisteis a un escenario?
R. La primera fue en la inauguración de la escuela de surf de unos amigos, donde trabajábamos de monitores. Aparecieron veinte colegas y poco más, pero estábamos supernerviosos. Luego llegó Tropicalia, una fiesta en Pedregalejo, Málaga. Se agotaron las entradas, vinieron muchos amigos, nos sentimos muy arropados y ahí fue cuando dijimos: hostia, esto mola.
P. ¿Cuándo sentisteis que empezaba a despegar el proyecto?
R. El primer tema que salió y tuvo muchas reproducciones, Desperté, fue un poco trampa. Una viralidad sin más. No nos lo tomamos muy en serio, fue como: “vale, se nos puede dar bien hacer canciones, vamos a seguir”. Pero sacamos más temas y no pasó nada. Hubo dos puntos de inflexión algo más tarde: Frío, que llegó al millón de reproducciones, y luego el COVID, cuando Paraíso se viralizó a lo bestia. Lo curioso es que esas canciones eran ultra acústicas, con una producción cero currada y un presupuesto terrible. A día de hoy el proyecto es totalmente distinto, cuidamos todo, las producciones son de otra manera... y paradójicamente nos cuesta más que una canción pegue tan fuerte. Son ironías de la industria.
P. ¿Hay algo de vuestro paso por el básket que hoy aplicáis a la música?
R. Sí, hacer equipo y rodearnos de gente buena. Tenemos un equipazo, y aunque esto es volátil y vamos trabajando con gente distinta, siempre intentamos funcionar a una, tratarnos bien, comunicarnos mucho. Esa es 100% la influencia del deporte.
P. ¿Cuáles son los riesgos de un proyecto tan familiar?
R. Si sigue durando es porque sabemos trabajar juntos. La desventaja es que cuando mezclas tantas cosas, la comunicación se complica. Tienes que pensar cómo decir las cosas para no herir. Los roces han sido más por posponer decisiones que por tomarlas. Pero con mucha comunicación se puede llevar bien. Al final es negociación constante: uno cede más que el otro en ciertas cosas, pero solemos estar de acuerdo.
P. Estamos viendo cómo cierran cada vez más salas de música en directo. ¿Cómo os afecta esta situación?
R. Es una pena. Es respuesta a la situación actual, al COVID, a cómo se está encareciendo todo. Cuando por 50-100 euros puedes ver a muchísimos grupos en un festival, pagar 20 por cada concierto en sala se hace difícil de justificar. Ojalá sea cíclico. Tengo la esperanza de que este modelo no sea sostenible y que las salas vuelvan. Pero bueno, quizá es también utopía.
"Nuestro padre tenía una forma de ver las cosas que nos marcó mucho. Y eso al final se transfiere a las letras, a las canciones. Así que papá siempre está. Y siempre estará."

P. ¿Cómo es el apoyo de marcas como Johnnie Walker a artistas emergentes como vosotros?
R. Lo agradecemos mucho. En este caso, Johnnie Walker nos ha ofrecido visibilidad y un concierto íntimo, que es nuestro formato favorito.
P. ¿Qué tiene de especial una sala pequeña?
R. Que se conecta más con la gente.
P. En vuestra carrera, cuál dirías que ha sido vuestro momento Keep Walking?
R. El fallecimiento de nuestro padre. En lugar de hundirnos, hizo que tuviéramos aún más ganas de seguir haciendo música y trabajando en nuestra carrera.
P. ¿Te atreverías a describir vuestro estilo musical?
R. La verdad es que no. Nos ha costado mucho definir un estilo porque somos gente muy ecléctica y hemos experimentado un montón. Una base de R&B, luego un folk, luego algo más popero... Nuestro último disco ha sido más folky y nos hemos sentido muy cómodos ahí. Para el siguiente, a ver qué hacemos.
P. ¿Cuál es para vosotros el origen de una canción?
R. Hemos probado de todo: guitarra y voz, componer juntos, juntarnos con productores... Pero para mí el origen de una buena canción es cuando la haces a guitarra y voz y te suena.
“El éxito como lo conocemos –el dinero, el reconocimiento– es una consecuencia del trabajo bien hecho. Y si no llega, no pasa nada.”

P. Compusisteis Días que contar mientras vuestro padre todavía luchaba contra el cáncer. ¿Llegó a escucharla él en directo?
R. Sí, en Málaga. Fue un tema muy especial. Hace poco alguien nos dijo que era su canción favorita y fíjate, mañana tenemos concierto con Johnnie Walker en el Café Comercial... A ver si me acuerdo de los acordes, llevo un montón sin interpretarla. Pero merece la pena que la toquemos: es muy bonita y creo que encaja mucho con lo que estamos haciendo ahora.
P. Decís que no nombráis a vuestro padre en el nuevo disco pero que marca cada canción. ¿Cómo se transmite su presencia?
R. En la filosofía de vida. Nuestro padre tenía una forma de ver las cosas que nos marcó mucho en la educación, en la manera de transmitirnos todo. Y eso al final se transfiere a las letras, a las canciones. Así que papá siempre está. Y siempre estará.
P. Habéis dicho que este disco ha sido algo sanador. ¿Hay alguna canción que os cueste interpretar en el escenario?
R. Mi hermano se emociona mucho con Vale la pena. Y yo con Fases. Pero en realidad es el disco entero: disfrutamos mucho interpretándolo. Conectamos mucho con él.
P. Según vosotros, los números de reproducciones en Spotify (102.000 oyentes mensuales) son traicioneros. ¿Sentís que estáis viviendo bien de la música?
R. Ahora mismo no. Ha habido años en los que las cosas han ido bien y sí, hemos vivido de la música. Pero este año está siendo más complicado y no se nos caen los anillos ni nos preocupa demasiado: se saca dinero de debajo de las piedras y ya está.
P. ¿Qué significa para Javi Pablo el éxito en 2026?
R. Estar muy convencidos y satisfechos de lo que hacemos. Al final, el éxito como lo conocemos –el dinero, el reconocimiento– es una consecuencia del trabajo bien hecho. Si hacemos un buen trabajo y estamos contentos, lo otro llegará. Y si no llega, no pasa nada.
"¿Tirar la toalla? Javypablo, pase lo que pase, no va a dejar de existir. Este año vamos a parar un poco para hacer un buen disco."

P. ¿Dónde os gustaría llegar?
R. No existe techo. Pero obviamente, joder, llenar un Movistar Arena o hacer una gira por España o Latinoamérica... eso sería increíble. Ojalá lleguemos a eso.
P. ¿Habéis tenido alguna vez la tentación de tirar la toalla?
R. Javypablo, pase lo que pase, no va a dejar de existir. Si tenemos que echar el freno y dejar esto en segundo plano, lo haremos. Pero si estamos como ahora, vamos a muerte. Este año vamos a parar un poco, sobre todo para hacer un buen disco y no seguir tanto el ritmo de la industria. Llevamos prácticamente desde el COVID sin parar y hemos llegado a la conclusión de que podemos hacer las cosas bien de verdad, como queremos. Irnos una semana a una casa, componer, trabajar las demos... Así que este año vamos a estar más parados, pero para que el siguiente os canséis de nosotros [risas].
P. ¿Quiénes son vuestros iconos?
R. Jack Johnson, por ejemplo, cuya filosofía de vida nos encanta. Leiva, por cómo ha llevado lo suyo. El Kanka, que no ha parado de currar pero siempre siendo él. Hemos tenido la suerte de tener una relación cercana con él, es paisano y amigo, y verlo de cerca es muy inspirador.
P. ¿Qué canción te ha roto los esquemas recientemente?
R. Un disco entero: La Calma, de El Kanka. No es que me haya roto los esquemas, más bien me ha devuelto a ellos. Me ha conectado otra vez con esas ganas del principio de aprenderme las canciones de otro, de volver a algo más cantautor, a cuando empezábamos a hacer música por diversión. El disco es precioso.
P. ¿A quién le robaríais una canción y cuál sería?
R. Para mí, una de las mejores canciones de desamor de nuestra generación es Sin Migo de Mr. Quilombo. Me hubiera encantado componerla yo.
“Nuestro padre, en sus últimos momentos, brindaba con agua. Y cuando le decían que daba mala suerte, él respondía: yo voy a brindar con lo que sea, lo importante es brindar.”

P. Las redes sociales no os gustan nada. ¿Cómo gestionáis esa tensión entre autenticidad y obligación de promoción?
R. Las redes sociales nos generan sufrimiento, sí, pero es lo que hay. Y tenemos que hacer que nos gusten. Encontrar un equilibrio entre ser fieles a nosotros mismos y darnos a conocer. Eso sí, estamos muy motivados para el siguiente proyecto: vamos a trabajarlas mejor que nunca.
P. ¿Qué relación tenéis con Oski, el gran artífice de que estéis presentes en este ciclo Johnnie Music?
R. Nos conocemos desde hace un par de años, cuando le invitamos a Nature is Home, un festival-campamento que organizamos con música en directo. Vino como crítico y periodista musical para vivir la experiencia, y desde entonces siempre nos hemos tenido mucho cariño. Esa conexión es la que nos ha traído hasta aquí.
P. Háblanos de los bares: ¿siguen siendo para vosotros ese lugar en el que reuniros con amigos y compartir buenos momentos?
R. Sin duda. Yo soy de barra de bar, de terraza con colegas... ¿Con qué brindamos? Pues con lo que sea. Esto nos lo decía nuestro padre, que en sus últimos momentos no podía beber nada. Fue un buen bebedor de ron y de cerveza, pero al final brindaba con agua. Y cuando alguien le decía que daba mala suerte, él respondía: “Mira, yo voy a brindar con lo que sea, lo importante es brindar”.
P. ¿Qué cinco bares son siempre una apuesta segura para vosotros?
R. Voy a empezar por Málaga, por mi zona favorita del mundo, Pedregalejo, donde nos hemos criado. El Cali, que es nuestro bar de confianza; la Chiquita; el Pichi de Cai, donde además se toman unas tapas espectaculares; y la Venta de la Minilla, donde nos hemos reventado, la verdad. En Madrid, donde vivo ahora, el Café Comercial.
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