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- Foco: no existe una coctelería más de barrio en Barcelona



Hay que subir por Carrer de l’Encarnació y dejar atrás la Plaza del Sol –y todo su bullicio de terrazas– para llegar a Foco. Y eso significa contemplar cómo los edificios modernistas, con sus balcones de hierro forjado, dan paso a fachadas más humildes aunque llenas de encanto. El número 52 nos recibe con su luz cálida, una pequeña terraza, sin colas, sin letrero ostentoso, sin puerta secreta que atravesar ni contraseña que susurrar. Solo el murmullo de gente que parece conocerse de toda la vida.
Es lunes por la noche y Tom Godfrey y Theo Quinn –los dos británicos que fundaron este bar en diciembre de 2022– merodean por el espacio con ritmo diligente. En la próxima hora y media vamos a comer, beber, hablar sobre arte, reírnos, intercambiar números, explorar sabores. E incluso descubrir algo curioso: que en el local clasificado en el puesto 89 de la prestigiosa lista The World’s 50 Best Bars la suma de los factores va mucho más allá que la adoración al cóctel. Y eso, en un sector que ha elevado la copa a Santo Grial, es mucho decir.
Quien llegue buscando el significado del nombre en castellano se llevará una sorpresa: Foco no alude a la luz ni al enfoque, sino a las siglas de Foreign Correspondents, un guiño a los históricos clubes de corresponsales de prensa que proliferaron en el siglo XX como puntos de encuentro para periodistas internacionales. Lugares donde se compartían historias, se forjaban amistades improbables y se mezclaban mundos que de otra forma nunca se habrían cruzado.
Godfrey y Quinn se conocieron trabajando en Red Light, un speakeasy de Bristol donde ambos se enamoraron de hacer bebidas y absorbieron la filosofía que define Foco hasta hoy: proporciones clásicas, ingredientes frescos y equilibrio ante todo. Las carreras se separaron brevemente: Quinn emigró a Barcelona para dirigir Carlos & Matilda en el Gótico; Godfrey se quedó en Bristol al frente de Filthy XIII. Pero el reencuentro no tardó: Tom siguió a Theo a Barcelona y ambos acabaron coincidiendo tras la barra.
Fue allí donde fraguaron el proyecto, y antes de lanzarlo decidieron hacer sus deberes en los bares más laureados de la ciudad: Quinn entró en Paradiso, entonces número uno del mundo; Godfrey hizo lo propio en Two Schmucks. "Esa experiencia nos dio el empujón definitivo", reconoce Quinn. "Pero también nos enseñó lo que no queríamos hacer."


Lo que no querían hacer era precisamente lo que ha catapultado a Barcelona en el circuito coctelero mundial: puertas ocultas, colas virtuales, experiencias inmersivas, presentaciones teatrales. Foco nació como una declaración de intenciones: un bar de barrio donde puedes entrar sin reserva, sentarte donde haya sitio y dejarte llevar por la conversación.
El diseño del espacio materializa esta filosofía. Las mesas son compartidas –un rechazo explícito a la cultura de reservas que domina la escena premium–. No hay backbar tradicional: todo el trabajo de preparación ocurre en un laboratorio trasero, lo que permite un servicio rápido sin sacrificar complejidad. En las paredes, obras de amigos artistas que rotan, se exponen y se venden. Los dos fundadores estudiaron arte, y se nota. La terraza, renovada en 2024, amplía la capacidad sin perder intimidad. Y si todavía dudabas de que esto es un bar de barrio de verdad: admiten perros.
Quinn lo describe con una brutalidad encantadora cuando lo compara con muchos de los otros 50 Best: “Te cogen en la puerta, te sientan en una esquinita… No te levantes. Estás aquí para obedecernos. Nosotros queríamos traer de nuevo la esencia del bar. ¡Un bar es un bar!”. Y sobre las mesas compartidas, recuerda: “Antes de que existieran las aplicaciones de citas, la gente iba a los bares a socializar, a conocerse. Y eso sucede aquí.”
La carta de Foco presenta algo aparentemente sencillo: cócteles con nombres que cualquiera identifica. Moscow Mule. Clover Club. Tequila Sunrise. Amaretto Sour. Pero la trampa está en el interior.
“Vino, cerveza, vermut... La cultura de la bebida aquí en España aún no está enfocada hacia el cóctel. Mucha gente viene a bares como el nuestro y se siente intimidada. No reconoce nada en la carta”, explica Quinn. "Pero aunque no seas un experto, sí te suenan nombres como el Espresso Martini, te dan tranquilidad”.
Lo que llega al vaso es una reinterpretación radical que conserva la esencia reconocible del original mientras incorpora técnicas de vanguardia: carbonatación con diferentes tamaños de burbuja, clarificación de aguas de cítricos, lactofermentación de limón, destilación casera de ingredientes, oleo-saccharum artesanal.
El Tequila Sunrise es el ejemplo más elocuente: los pimientos amarillos se asan y carbonizan en Sartoria Panatieri –la pizzería napolitana de enfrente, que el equipo considera la mejor de Europa–, se crea un oleo-saccharum con ellos, se destilan los restos, se mezclan con tequila y mezcal, se añade agua clarificada de naranja y mandarina y se carbonata. El resultado sabe inconfundiblemente a Tequila Sunrise. Pero no se parece a ninguno que hayas probado.


Entre las treinta propuestas del menú, varias se han convertido en imprescindibles: el Strawberry Fields, con mascarpone de ruibarbo, ofrece una experiencia cremosa e inesperada. El Pearl Diver transporta al trópico con gardenia de coco y cachaça de pandán. Y el Delicious Sour encarna el equilibrio perfecto entre acidez y dulzor.
La misma filosofía rige los snacks. El Deburek –término americano recuperado para los huevos rellenos de toda la vida– se sirve en tres versiones simultáneas: el Drunk Egg coreano, infusionado en soja, chile, jengibre y especias thai; el Scotch Egg escocés, un huevo envuelto en carne, empanado y frito, que al partirlo revela sus capas como si fuera un corte geológico; y el clásico rematado con crema de gochujang que aporta profundidad sin agredir. Técnica al servicio del sabor. Exactamente lo mismo que hacen con los cócteles. Además del Deburek, la carta de snacks depara sorpresas como sus deliciosos churros de manchego. Éxito seguro.
La carta incluye una sección de cócteles embotellados que coquetea deliberadamente con problemas de marca: el Fish House Punch se esconde tras un envase que imita al Nestea, el Singapore Sling se presenta como el Dr. Foco en un guiño descarado al Dr. Pepper, y el Cuba Libre se vende bajo el nombre de Foco Cola con su botella inconfundiblemente rojinegra. "Jugamos mucho con el lado del diseño, porque los dos estudiamos arte", explica Quinn.
El tipo de provocación que define la personalidad del bar: respeto absoluto por la tradición, irreverencia total en la presentación.


Foco ha roto el mapa habitual de la coctelería barcelonesa de élite al establecerse en Gràcia, un barrio residencial alejado de las rutas turísticas. La decisión fue deliberada. “Queríamos un lugar donde pudieran reunirse los expatriados y que siguiera atrayendo a los locales”, explica Godfrey. El resultado es una clientela que abarca “desde los 18 a los 65 años”: el universitario de las facultades del barrio, el catalán mayor que sale del teatro de la esquina, el expat que busca su tribu, el viajero solitario que necesita refugio por la noche... "Poder darle eso a alguien me llena", reconoce Quinn. “Muchos se irán juntos, en plan: oye, ¿qué tal? ¿Quieres ir a otro bar? Venga, va.”
En septiembre de 2025, apenas tres años después de su apertura, Foco logró entrar en el World’s 50 Best Bars en la posición 89, convirtiéndose en el único bar de Gràcia en el ranking. El camino hasta allí incluyó el premio a Mejor Menú en los FIBAR 2024 y una doble nominación en los Spirited Awards 2025 como finalista en Best International Cocktail Bar y Best International Bar Team. Quinn matiza el éxito con elegancia: “Lo bonito de los 50 Best es que impulsan a los bares independientes. Nos ayuda a que nuestro nombre viaje, no necesariamente a facturar más.”
Un reconocimiento que Quinn no esconde que buscaba desde el principio: "Cuando creamos Foco pensábamos ya en entrar en esta lista." Y la historia no acaba ahí: "Este año queremos mejorar nuestra posición y trabajamos para ello." La ambición, eso sí, va más allá del ranking y de Barcelona: Quinn y Godfrey diseñaron el concepto pensando en que pudiera viajar. "En Madrid pegaría. En Nueva York pegaría." Otros Focos en el mundo. No es un sueño. Es el siguiente capítulo.
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