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- Adriana Chía: "Después de mis hijos, World Class ha sido la experiencia de mi vida"



Adriana Chía quería ser pintora. De pequeña pasó por escuelas de arte, se enamoró del óleo y el acrílico, dibujó manga... y acabó estudiando siete años en la Escola d'Art i Superior de Disseny (Llotja) de Barcelona. Para pagárselo, se puso a trabajar en bares. Pero lo que empezó como un recurso para generar ingresos acabó convirtiéndose en su vocación, sobre todo cuando su camino se cruzó con el de los hermanos Adrià –en 41°, Tickets, Niño Viejo y Hoja Santa–. "No me hizo falta más de un mes para quedar perdidamente enamorada de la profesión. Hacían magia con todo lo que tocaban", recuerda. Tras una etapa en Oaxaca especializándose en mezcal, recaló en Solange Cocktails & Luxury Spirits, la coctelería del Eixample desde la que lo cambiaría todo.
En 2016, con 23 años y en su primera participación en World Class, ganó la edición española del certamen más importante de la coctelería. Fue la primera mujer en lograrlo (y hasta la fecha, la única). Luego voló a Miami y se plantó entre los doce mejores del planeta en la final mundial.
Al otro lado de la pantalla, Adriana Chía muestra su magnetismo con altas dosis de humor. Sus palabras siempre arrancan y terminan con una contagiosa sonrisa. Habla de lo que sabe, de lo que recuerda, de lo que ha vivido, y eso nos permite ir desgranando el retrato fragmentado y visceral de una de las profesionales más singulares de las barras españolas.
“Mis estudios de arte los aplico hoy como bartender. Juntas, ambas disciplinas tienen una evolución mucho más bonita”

Pregunta. Si tuvieras que crear una receta para hablar de los tiempos convulsos que vivimos –conflictos, tensiones geopolíticas, therians...– , ¿cómo sería?
Respuesta. Has empezado fuerte, ¿eh? [risas]. A a mí no me gusta caer en el sensacionalismo. Creo que ahora mismo tendemos a relacionarlo todo con todo, y ese es el peor error que podemos cometer. Yo lo comparo con intentar hacer un cóctel de Chernobyl: ¿qué sacas de ahí? Sí pienso que, con todo lo que está pasando, igual tenemos que empezar desde cero. Y a lo mejor no es tan mala idea.
P. Cuando eras niña, ¿qué querías ser de mayor?
R. ¿Lo primero? Feliz, que después de ser mamá es también lo que me planteo para mis hijos. Pero si tengo que elegir una profesión: quería ser pintora. Desde muy pequeña siempre estuve en escuelas de pintura: el acrílico y el óleo me apasionaban. Mi familia entera tiene cuadros míos. También dibujaba mucho manga –siempre he tenido ese punto friki–, así que mezclaba bastante las influencias.
P. ¿Cómo pasaste de un mundo tan artístico a trabajar detrás de una barra?
R. Empecé en la hostelería para pagarme los estudios, como tantísimas otras personas. Tiempo después descubrí que no necesitaba elegir entre el arte y el bar, porque todo lo que estudié lo aplico a lo que hago ahora: diseño las cartas, hago los bocetos, edito los vídeos, creo el render mental de todo... De hecho, siempre me ha gustado más el arte que la hostelería en sí, pero juntas tienen un recorrido mucho más bonito.
P. Tu madre se quedó en shock cuando le dijiste que querías ponerte detrás de una barra.
R. Se quedó un poco parada, sí. Porque al principio era eso: buscarme un trabajillo para sobrevivir. Me fui de casa con 18 años a estudiar a Barcelona, en la Escuela de Artes Finales y Diseño, y cogí el primer trabajo que pillé. Y no es lo mismo empezar en un bar de señores de 70 años sirviendo carajillos que trabajar con los hermanos Adrià. Eso también le da otra credibilidad a la cosa.
P. Tu padre también fue camarero, ¿no?
R. Sí. Siempre me lo ha dicho: “De joven, cuando mejor he ganado, ha sido de camarero”. Y no hablaba del sueldo: hablaba de las propinas [risas].
P. ¿Quiénes han sido tus grandes maestros en esta profesión?
R. Los que me han hecho pasar por malas experiencias. Clientes o personas que no me han enseñado lo que quiero, sino lo que no quiero. Lo que no quiero ser. He trabajado con personalidades increíbles y he aprendido muchísimo de ellos. Pero los que de verdad ha forjado mi personalidad han sido quienes trataban a los clientes como yo nunca querría tratarlos, o que me trataban a mí de esa manera.
“El mejor consejo que me han dado es: cada vez que vayas a trabajar piensa que va a ser la actuación de tu vida. Igual que si estuvieras grabando una película de Hollywood”

P. ¿Cuál es el mejor consejo que te han dado en coctelería?
R. Como soy muy apasionada del teatro y del cine, siempre me lo llevo todo a la interpretación. El consejo que más se me ha quedado es este: “Cada vez que vayas a trabajar piensa que va a ser la actuación de tu vida. Vístete, habla y que haz las cosas como si estuvieras grabando una película de Hollywood. Métetelo en la cabeza cada día”.
P. ¿Recuerdas cuál fue el primer cóctel que mezclaste?
R. Si te soy sincera, no. Pero seguramente fue un clásico. En el primer local en el que trabajé ni siquiera empecé como bartender: entré como cajera, luego pasé a sala y por una baja me tocó meterme a la barra. Tuve mucha suerte de que el mánager del local me enseñase a preparar los clásicos como son, porque ahora hay cierta confusión. Y no hay nada más importante que saber hacer un clásico. A veces nos centramos en crear cartas conceptuales totalmente rompedoras, pero cuando te piden un clásico, ese clásico no puede fallar.
P. Has llegado a decir que con los hermanos Adrià veías magia en todo lo que tocaban. ¿Aprendiste a crear esa magia tú también?
R. Sí, aunque a mi manera. Al final fue una traducción: intenté interpretar todo lo que ellos hacían, todas sus técnicas, y llevarlas al mundo del cóctel.
P. ¿La coctelería está en su mejor momento o es puro marketing?
R. No es marketing, y un ejemplo son premios como los 50 Best, que nos guían y marcan los próximos pasos de la industria. Además, han generado una nueva forma de turismo que antes no existía: gente que viaja a una ciudad para probar bares concretos, como antes solo pasaba con los restaurantes Michelin. La coctelería ha entrado en los hoteles, en la alta gastronomía... Y creo que tiene que ir de la mano. Puedes ofrecer un menú gastronómico increíble, pero si las bebidas no están a la misma altura, la experiencia no es completa. Ese es el camino: que la bebida tenga la misma importancia que la cocina.
“World Class es un trampolín que te empuja altísimo, pero cuando estás ahí arriba, todo depende de ti. Te dan un diamante. Tú decides cómo pulirlo”

P. Cuéntanos tu historia con World Class. ¿Cuándo decidiste presentarte?
R. Después de mis hijos, ha sido la experiencia de mi vida. Y me presenté un poco forzada, la verdad. Siempre creemos que nunca es nuestro momento: “No estoy preparada, más adelante...”. A mí me tendieron una especie de emboscada para que fuera a la primera reunión, aquí en Barcelona, en los jardines botánicos de Blanes. Y dije: “Bueno, ya que estamos, vamos”. Pero siempre con el miedo de que compite gente ultra preparada, que lleva años haciéndolo. Nunca imaginas que siendo la primera vez que te presentas ocurrirá lo que va a ocurrir.
P. ¿Cómo viviste la competición?
R. Con muchísimo estrés. Pero ya no recuerdo los momentos malos. Lo que sí tengo grabado a fuego es el Speed Challenge y lo bien que lo pasé. Hasta ese momento había ido pensando en hacerlo todo perfecto. Y de repente me relajé y dije: “Quiero disfrutar, que pase lo que tenga que pasar”.
P. ¿Qué te llevas de una experiencia así?
R. Además de la victoria, me llevo a todas las personas con las que participé. Estamos muy conectadas y puedo viajar a cualquier país sabiendo que alguien me va a esperar con los brazos abiertos en algún bar. Y luego está el vínculo que creas con la competición: todos los que han ganado siguen viajando con World Class, siendo jurado... En cuanto a la victoria, todo está en cómo la uses tú. World Class es un trampolín que te empuja altísimo, pero cuando estás ahí arriba, de ti depende lo que hagas. Te dan un diamante. Tú decides cómo pulirlo.
P. ¿Cómo fue el momento en el que anunciaron que habías ganado?
R. Primero no me lo creía, pero me lo había currado tanto que necesitaba permitirme ganarlo. En la final nacional, en Madrid, fue un subidón enorme, aunque tardé en procesarlo: muy pocas horas de sueño, tanta preparación... Cuando te dicen que has ganado no sabes si reír o dormir. Y tampoco terminas de disfrutarlo del todo porque sabes que ahora viene la mundial, multiplicado por cinco.
P. ¿Sigue la coctelería siendo un mundo mayoritariamente masculina?
R. La coctelería ha sido durante muchísimos años un mundo muy masculino, pero si miro ahora a mi alrededor veo casi más mujeres que hombres en el sector. Incluso en las últimas competiciones, más allá de World Class, casi todas las que ganan son mujeres.
“España ya es el país número 1 en coctelería. No tenemos nada que envidiarle a Londres y Nueva York”

P. ¿Crees que las mujeres dais un servicio diferente detrás de la barra?
R. Creo que cambia la sensibilidad. Yo tengo un TOC con el perfeccionismo y el servicio: me gusta todo muy pulido, muy cuidado. Siempre he sentido esa diferencia. Aunque también te encuentras con hombres que tienen esa misma sensibilidad, o más. Así que tampoco lo generalizaría: depende de la persona.
P. Has llegado a decir que España es uno de los tres mejores países del mundo en coctelería. ¿Qué le falta para ser el primero?
R. Yo te diría que ya lo es. No quiero sonar arrogante, pero hay un nivelazo en España. Londres y Nueva York han sido durante mucho tiempo la cuna de la coctelería, pero si miras los 50 Best, hay dos bares españoles en el Top 5. No tenemos nada que envidiarles: estamos generando tendencias muy interesantes, con mucha autenticidad y gente apasionada haciendo cosas increíbles.
P. ¿Hay un límite en coctelería entre creatividad y sacrilegio?
R. Es una línea muy fina, y se está atravesando mucho. Al final, crear un concepto por crearlo y hacer cosas sin sentido... se nos está yendo un poco de las manos.
P. ¿Qué objetivo te marcas al crear tus cócteles?
R. Que sean entendibles y fáciles de beber. Todos nos basamos en el storytelling, en contar una historia, y está muy bien. Pero muchas veces cuando creo un cóctel me pregunto simplemente: ¿qué me gustaría tomarme? Pienso que hay que hacer cosas con sentido y, sobre todo, que el cliente las entienda.
P. Si fueran tus cócteles los que hablasen de ti, ¿qué contarían?
R. Hablarían de mis distintas vertientes artísticas, aunque... igual habría que preguntarles a ellos directamente [risas].
P. ¿Tienes algún cóctel perfecto?
R. Yo siempre he sido de Dry Martini clásico.
P. ¿Se está trabajando de verdad hacia la sostenibilidad en las barras o es greenwashing?
R. Me encantaría pensar que sí, y hay mucha gente que lo está haciendo con sentido. Pero también hay otros que lo hacen por tendencia y sensacionalismo. Es otra línea muy fina entre la realidad y la ficción de este sector.
"Si me sirven un mal cóctel pero la atención es increíble, vuelvo. Si me sirven el mejor cóctel de mi vida con una atención pésima, no vuelvo"

P. ¿Cuál sería tu definición del bar perfecto?
R. Un lugar en el que poder tener, además de un buen cóctel, una buena conversación con alguien detrás de la barra. Que el personal sepa leerte: cuándo necesitas algo, cuándo quieres conversar y cuándo no, cómo recomendarte. Hay bares en los que parece que estés en un tanatorio porque el personal está callado y absorto en sus cosas. Prioriza, tío. Yo siempre lo he dicho y creo que será mi lema hasta el último día: si me sirven un mal cóctel pero la atención es increíble, vuelvo. Si me sirven el mejor cóctel de mi vida con una atención pésima, no vuelvo. Porque el cóctel se puede corregir. Pero la atmósfera y la experiencia de hacer de un bar tu casa, eso es otra cosa.
P. Dinos cinco bares que son siempre una apuesta segura para ti.
R. Sips, Moonlight Experimental Bar, Patio de Butacas, Boadas –para tomarte un buen clásico– y La Perfumería de Stravinsky. Y si me dejas añadir alguno más: The Circle también me gusta mucho.
P. Además de tu trabajo, ¿cuáles son tus otras pasiones?
R. Va a sonar un poco friki, pero soy una apasionada de la cultura asiática y ahora me he puesto a estudiar japonés. Fui a Japón y volví traumatizada, con una especie de depresión post-viaje. Y luego dibujar: pinto, hago mucho realismo, y es mi gran pasión desde siempre.
P. Ningún otro bartender crea el tipo de contenido en redes que creas tú (@adrianachia). Pura explosividad y comedia. Incluso FIBAR te dio un premio por esto en 2022.
R. Surgió de una necesidad real: después de ser madre no podía seguir detrás de una barra hasta las cuatro de la mañana, perdiéndome la vida de mis hijos. Empecé con las consultorías, pero quería seguir comunicando. Mi sueño frustrado siempre ha sido ser actriz, así que me pregunté: ¿cómo uno la coctelería con el acting y el humor? Porque el humor es parte de mi filosofía. Así nació este contenido, por pura diversión. Aun así, tengo claro que no voy a ser creadora de contenido el resto de mi vida: las consultorías, las ponencias, las formaciones, hacer de imagen de marca... todo me apasiona igual. Y ya adelanto que estoy empezando a crear cosas que unen coctelería y dibujo.
P. ¿Nos regalas la receta de uno de tus cócteles para esta primavera?
R. Sin duda mi Corpse Reviver #CHIA, con tequila Don Julio Blanco, Orange Curaçao y Lillet (lo mejor para el hombre [risas]).
P. Se acaba el mundo y estás al otro lado de la barra. ¿Qué te pides?
R. Nada en concreto. Simplemente diría eso de “ponme una última ronda”, porque en este caso, literalmente lo sería [risas].
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