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- Ocho recetas con Baileys para convertir tu sobremesa en el mejor plan del día


Los italianos tienen el dolce far niente. Los japoneses, el ma. ¿Los españoles? La sobremesa, que es básicamente lo mismo pero sin ese componente filosófico y con mucho más café. Charlas que se alargan, una sucesión de risas y planes que no van a ningún sitio porque precisamente esa es la idea: que nadie se mueva.
Estas ocho recetas con Baileys están pensadas para elevar al máximo este momento: cuatro cócteles que van de lo clásico a lo completamente irresistible, y tres postres de chocolate que son, en sí mismos, una razón de peso para alargar la tarde.

Vodka, espresso y Baileys: tres ingredientes que al unirse en el vaso crean ese efecto marmoleado que detiene las conversaciones. Sustituir la nata por la crema irlandesa es el giro decisivo, y unos nibs de cacao, una cereza o una flor comestible lo elevan al rango de cóctel de autor. Cinco minutos y cero complicaciones.
Ver recetaItalia meets Irlanda en copa de Martini. Esta receta toma Baileys, mascarpone, bizcochos de soletilla y café, y construye algo a medio camino entre el postre y el cóctel –con lo mejor de ambos–. Cacao espolvoreado en la superficie y granos de café cubiertos de chocolate son el mejor remate. El argumento definitivo para que nadie se levante de la mesa.
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El flat white es el café de quienes no necesitan florituras: más fuerte que un latte, sin rodeos, puro carácter. Esta versión en copa añade vodka y Baileys. La preparación es tan sencilla como su resultado es redondo: todo a la coctelera, agitar hasta obtener una textura sedosa y terminar con tres granos de café sobre la espuma. Sofisticación sin esfuerzo. Imposible no repetir.
Ver recetaCuatro ingredientes, una coctelera y el ritual de sobremesa más solicitado de la última década. Con Baileys en lugar de licor de café, el resultado es más cremoso y redondo. ¿Sus tres granos encima? La leyenda dice que traen salud, riqueza y felicidad. Sabor lento garantizado.
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El más indulgente de la lista y el que más conversación va a generar. Salsa de caramelo dibujada en el interior del vaso, pan de oro aplicado con pincel, Baileys Salted Caramel, vodka y nata agitados en la coctelera... El resultado es espumoso, sorprendente, imposible de ignorar... La purpurina comestible que lo remata no es un capricho estético: es su final feliz.
Ver recetaNo es apta para todos los públicos –solo para quienes entienden el postre como un acontecimiento–. Chocolate negro, nata montada con Baileys, claras a punto de nieve y trozos que se disuelven en la mezcla antes de que llegue el frío. Tres horas de nevera y muchos segundos de silencio cuando llega a la mesa. Compensará cada minuto de espera.
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La corteza cede. El interior fluye. Y justo ahí, en ese segundo exacto, aparece el sabor de Baileys. Nueve minutos de horno para un pastelito individual que no necesita un gran despliegue de ingredientes, aunque el helado de vainilla, el cacao en polvo y los arándanos siempre son bienvenidos. El postre más sencillo de ejecutar y el más difícil de dejar a medias.
Ver recetaLa presentación más dramática de la lista y, con diferencia, la más divertida. Brownies apilados en altura, salsa de chocolate cayendo por los laterales y Baileys fluyendo desde el interior como lava irlandesa. Las frambuesas ponen el color y el contrapunto ácido. Destruirlo antes de que entre en erupción es, a todos los efectos, parte de la receta.
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